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Ácrata que significa; sin gobierno, sin reglas, anarquismo. Más que desde la perspectiva de la negación de la propiedad, desde la visión que sitúa al individuo como eso, un individuo. Elemento único, aunque solo eso, del cosmos donde se desenvuelve.

Ácrata carece de espacio definido. Su existencia se gesta desde los actores del valle como un laboratorio de ideas que se intercalan en una botella sin comprometer el ambiente natural, buscando sacar la enología de los espacios cerrados, de las tentaciones comerciales y así, recuperar la expresión de la tierra de crear “vino emocional”.

Ácrata es una respuesta libre, contextual, pero sobre todo circunstancial a la presencia de la uva en los valles que éstas alberguen. Es un camino alterno a las formas acostumbradas, un llamado a la “enología emocional”. Equiparando mundo distintos entre lo que se sueña y lo que se hace. Toda esta actividad enológica crea emociones, rompe con las estructuras establecidas guiada por una voluntad de renovación y cambio. ÁNARQUISMO INSPIRADOR”.

Trabajamos en el rescate de las variedades tradicionales (uvas cultivadas en los años 40´s, 50´s y 60´s) como Palomino, Grenache, Carignan, Zinfandel, Misión, Valdepeñas (Tempranillo). Los primeros años recogimos las uvas “convencionales” de viñedos “tradicionales”. Todas ellas de viñedos de temporal, trabajados por viticultores desconcertados, que no entienden el desprecio del mercado por sus uvas y amagados por una globalización que les pide arrancar sus raíces y reconvertir su terreno con variedades comerciales.